Mentiras, micrófonos ocultos y fraude, pero con glamour

LARA MURGA (Corresponsal)

Worlds-richest-woman-a-Madoff-victim-6414101BRUSELAS. Piensen en todos los ingredientes de un buen culebrón: ricas herederas, mayordomos indiscretos, cuentas perdidas en Suiza, relaciones ventajosas con políticos. Ahora sitúen esto en un país, Francia, y en una época, la actual, de escuchas y filtraciones a los medios. El resultado es la historia de moda en la prensa gala. Y lleva camino de salpicar al mismísimo Nicolas Sarkozy.

El punto de partida se encuentra en una mujer de 87 años, que comenzó a trabajar pegando etiquetas en los envases en la fábrica de su padre y hoy controla una fortuna calculada en 13.300 millones de dólares. Cuando compramos un jabón en The Body Shop, una colonia de Ralph Lauren, una crema de Vichy o un pintalabios de l’Oréal estamos contribuyendo a fortalecer un imperio merecedor, según Forbes, de figurar entre las 200 compañías más poderosas del mundo. Un pastel demasiado jugoso para permanecer ajeno a los tejemanejes políticos.

La vieja dama y el ministro
Gracias al mayordomo de Liliane Bettencourt y a su habilidad para colocar micrófonos ocultos, las conversaciones entre la rica heredera y su consejero financiero han quedado al descubierto. De ellas se revela que de las arcas de l’Oréal salían importantes sumas de dinero rumbo a la campaña del UMP, el partido del presidente Sarkozy. Según otra contable de Bettencourt – la discrección no parece caracterizar a los empleados de la millonaria – por esa casa desfilaba la crème de la crème de la élite política. Entre los nombres destacados (se llegó a hablar de Sarkozy, aunque fue rápidamente desmentido) aparece el de Éric Woerth, ministro de trabajo y tesorero del UMP. Woerth no tardó en manifestar que él no conoce de nada al consejero de Madame Bettencourt, lástima que las agendas oficiales de ambos contables demostrasen todo lo contrario. A todo esto, el ministro tiene una mujer y aquí es cuando la historia da otra interesante vuelta de tuerca.

Florence Woerth, aficionada a las carreras de caballo y a ayudar a su marido a recaudar fondos para el partido, entra a trabajar en Cymène, la compañía que gestiona la riqueza de Liliane Bettencourt, en 2007. Por aquel entonces su esposo ocupa la cartera de Economía en el Gobierno francés. ¿Conflicto de intereses, por tanto? “En absoluto” responde ella en una entrevista para Le Monde. Ahora sabemos, micrófonos ocultos mediante, que la intervención de su marido fue decisiva en la contratación de Florence Woerth.

Rodeada de cuadros de Picasso, Léger o Monet, en su lujoso apartamento parisino, la mujer más rica de Francia contestaba el lunes a las preguntas de la policía. En el punto de mira: dos cuentas abiertas en Suiza y no declaradas, la isla de Arros, que posee gracias a una fundación ubicada en Liechtenstein, y su relación con el ministro Woerth. Con el aval de su avanzada edad, la heredera del imperio l’Oréal ha esquivado las cuestiones más delicadas con un “no me acuerdo de eso” o “yo no sé nada, era mi marido el que se encargaba de estas cosas”. Sea verdad o no, lo que está claro es que, como en una buena telenovela, cada capítulo va a ser mejor que el anterior.

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